Fallece Concha Carretero, Compañera de celda de las "Trece Rosas"

“Todos a la calle, a defender nuestros derechos y nuestra libertad”, Concha Carretero

Se inicia el 2014, y a través de la cuenta de twitter de Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid se filtra una nota triste: ha fallecido Concha Carretero, una de las compañeras de celda de aquellas jóvenes fusiladas conocidas como las Trece Rosas. Como declaró en su día a los medios, una de sus mejores amigas fue Julia Conesa, aquella de las Trece que suplicó que jamás se borrase su nombre de la historia. Ya cada vez quedan menos voces para preservar nuestra historia, para recordarnos que existe aún una asignatura pendiente en nuestro país, y que a diferencia de otros países aquí jamás se ha condenado el Franquismo ni se ha rendido homenaje al bando de los vencidos, a los que lucharon en el ejército legítimo y por la República.

Concha Carretero fue veterana militante de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), y, antes, a las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC). Carretero defendió hasta el fin de sus días un sistema de gobierno republicano al ser el único que proporcionaría “el bienestar del trabajador”. Concha Carretero ha sido un modelo de lucha, de esperanza, de compromiso, y ahora, en estos tiempos de violación de nuestros derechos, todo un ejemplo a seguir.

Carretero, nació en Barcelona en 1918, aunque a los dos años se trasladó a Madrid. La infancia de Carretero fue dura desde el principio, y desde que empezase a trabajar con diez años siempre estuvo involucrada en actividades para ayudar a los más desfavorecidos. Cuando tuvo lugar la sublevación fascista, el 18 de julio de 1936 por las fuerzas armadas españolas en África y dirigidas por Emilio Mola, Francisco Franco, José Sanjurjo, Gonzalo Queipo de Llano y Manuel Goded, las mujeres de las JSU crean comités de ayuda a milicianos y soldados republicanos, evidentemente, Concha también participó en estos comités. Carretero permanecerá en Madrid los tres años de guerra. Tras el golpe de estado de Casado el 5 de marzo de 1939, y la inminente caída de la República, Carretero acude a la sede de las JSU con la intención de destruir los archivos que pudieran comprometer a sus compañeros, pero es detenida y llevada a la prisión de Ventas. El 27 de marzo de 1939, justo antes de que las tropas fascistas ocupen Madrid, será puesta en libertad. Oportunidad que Concha aprovechó para participar en la organización de un grupo clandestino perteneciente al sector norte de la JSU. Ella actúa como enlace con el PCE. Pero en julio de 1939 tras una reunión clandestina será detenida, y torturada, para volver a ingresar en la cárcel de Ventas. Esa misma noche se produce la saca en la que son fusiladas las Trece Rosas. Concha llega en muy mal estado a causa de las torturas sufridas. Pasa dos días casi sin conocimiento, cuidada por sus compañeras. Concha recupera el conocimiento el día 6 de agosto y se entera del fusilamiento de las trece rosas. A finales de 1940 es puesta en libertad, pero, de nuevo delatada. La policía presiona e intimida a su madre y, para evitarlo, Concha se entrega el 17 de enero de 1941. De nuevo se iniciarán las torturas y las vejaciones, será golpeada y encerrada desnuda en una celda fría y húmeda donde pasa la noche. «Me desnudaron y me pegaron una paliza tremenda. Como yo seguía sin hablar, me llevaron a las tapias del cementerio de la Almudena y me enseñaron los agujeros en las paredes. ¿Los ves? Son de tus camaradas y ahora habrá también uno tuyo, me dijeron». Es trasladada a la galería de penadas de Ventas, donde permanece incomunicada durante varios días y después a una celda de castigo sin agua ni retrete. «Tenía que cantar para que mis compañeras supieran que seguía viva». Allí contrae una enfermedad en un ojo que se hará crónica y la acompañará de por vida. En mayo de 1941, es llevada a pasear por Madrid para ver si se encuentra con algún compañero y así poder detenerlo. Un mes después, con 23 años recién cumplidos, sale en libertad y encuentra a su madre enferma viviendo en la plaza de toros de las Ventas y pidiendo limosna para poder comer. Sus abuelos no la acogen por miedo a represalias, y pasa varios días durmiendo con su madre en la calle. Concha se pone a servir para sacar adelante a su madre. Consigue sacar a sus hermanos de la cárcel a través de un contacto en la casa donde está sirviendo.

En mayo de 1942 se casa con un chico que había conocido antes de la guerra y queda embarazada, pero en diciembre de 1942 este es detenido y fusilado. En 1943 marcha a vivir a Toledo con su hija, Diana, su madre y sus hermanos durante unos meses. Al año siguiente es juzgada, quedando absuelta de la pena de muerte. En 1946 se coloca en una lechería. Vive con su madre y su hija en una cuadra en el Cerro de la Vaca, donde sólo cabía una cama. Con el tiempo, volvería a casarse y sonreír un poquito a la vida.

La vida de Carretero ha estado marcada por el dolor y la muerte, sin embargo, siempre se mostró vitalista, y así lo ha demostrado hasta el final de sus días. Carretero se convirtió en una de las voces de aquellas mujeres represaliadas y torturadas por el Franquismo que fueron encarceladas en la cárcel de Ventas. La voz viva de nuestra memoria, que no quería ser silenciada para que aquellos nombres jamás cayesen en el olvido. La vida de Concha, su voz, es todo un legado histórico, digno de ser recordado y jamás olvidado.

Hasta siempre Concha. ¡Salud y República!

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